Home
¿Qué es Arqueología antropogónica o antropogénica?
Antropogónico (a) es término sinónimo de antropogénico (a), pues ambos significan relativo al origen del hombre. Se diferencian en que el primero proviene de dos raíces griegas puras: ántropo (hombre) y gono (generación u origen), en tanto que el segundo es híbrido, pues si bien génesis también proviene del griego, al español llegó a través del latín genesis y de genus,generis, que también significan generación u origen. Por lo tanto, Arqueología antropogónica o antropogénica es el análisis o estudio de los monumentos, documentos, tradiciones, leyendas y mitos antiguos (es decir, arqueológicos) relacionados con el origen del hombre, confrontándolos con los descubrimientos científicos acerca de ese mismo origen, a efecto de determinar si aquellas tradiciones mitológicas o religiosas tienen o pueden tener algún fondo de verdad.
Ejemplo: pues en el Génesis hebreo se afirma que el hombre y los animales fueron hechos “del polvo del suelo” (Gén. 2: 7, 19; 3: 19, 23), basta saber que, según la ciencia moderna, todos los animales (incluídos los humanos) provienen, en última instancia, de la materia inorgánica, para ver que esas dos aseveraciones son, esencialmente, idénticas. Que una y otra dicen que el hombre y los animales provienen “del polvo del suelo”. Y que sólo se diferencian respecto de la forma en que se habría producido esa transformación: si la evolución de parte de la materia inorgánica a orgánica, y de parte de ésta a materia animada (el hombre y los animales) fue inducida y dirigida (como se asevera en el Génesis), o si fue fortuita y por azar (como cree la ciencia). Y sobra decir que absolutamente nadie en el mundo puede afirmar que esa dicotomía ya fue satisfactoria y convincentemente resuelta.
Otro ejemplo: en Génesis 1: 27-28 y 5: 2, se afirma que “Dios creó al hombre” y que “macho y hembra los creó”. Es decir, que los hombres primeramente creados eran hermafroditas. Y que después de la separación de los dos sexos, “ambos continuaron estando desnudos, el hombre y su esposa, y sin embargo, no se avergonzaban” (Gén. 2: 25). Como, de hecho, los varones tenemos tetillas, es decir, rudimentos de senos o tetas; y las mujeres, clítoris, que son rudimentos de penes, cabe pensar que aquella presunta formación o creación primigenia del hombre como entidad hermafrodita puede ser cierta. Lo mismo que es un hecho científicamente establecido que la humanidad primitiva vivió, un largo trecho de su prehistoria, por completo desnuda, y sin embargo ni los varones ni las mujeres se avergonzaban. Es decir, que no tenían pudor o sentido de pudor: precisamente, conforme se afirma en el Génesis.
Otro ejemplo: en Génesis 1: 29 y 30 se afirma que al hombre y a los animales terrestres primeramente creados, Dios les dio por alimentos sólo vegetales. Y en Génesis 9: 2-3, que sólo después del diluvio, es decir, más de mil seiscientos cincuenta años después de la mítica creación de Adán (Gén. 5: 3-32 y 7: 6 y 11), Dios autorizó a los hombres a comer carne. Vale decir, que los hombres primeramente “creados” por Dios eran o debían ser vegetarianos. Lo mismo que ha descubierto la Antropología moderna: que los primeros homínidos eran vegetarianos, y que después se volvieron carnívoros.
Otro ejemplo: al hablar de las orejas de los hombres y de los animales en su obra “Origen del Hombre”, Darwin dice que, junto con los diversos movimientos de aquellas, y con los músculos que los producen, y con sus “diferentes revueltas y prominencias (hélice, antehélice, trago y antetrago)”, son “rudimentos, restos o vestigios de un estado anterior”. Y, no obstante el esfuerzo investigativo que realizó Darwin al respecto, no encontró explicación para el origen de esos “rudimentos”. Vale decir, que aquel famoso y genial naturalista no pudo encontrar y explicar el origen anatómico-evolutivo de las orejas. Por el contrario, en el Parque Arqueológico de San Agustín (Colombia) hay varias estatuas monolíticas de figuras humanoides que claramente indican que las orejas son rudimentos de crestas de piel y carne que tenía cierto reptil ancestral de hombres y animales, el cual, al erguirse, les dio origen (a las orejas), al paso que las antenas auditivas que ese mismo animal tenía sobre la cresta, con el erguimiento se fueron adentro del cráneo, por entre los dos repliegues principales de la cresta y de las orejas, en forma de caracol, dando, al mismo tiempo, origen al conducto auditivo. En síntesis, de esa estatuaria es fácil concluir que las orejas son rudimentos de crestas ancestrales de piel y carne, y que el caracol o cóclea fue antena auditiva que un animal ancestral tuvo sobre su cabeza.
Otro ejemplo: los zoólogos y otros naturalistas modernos han descubierto que los delfines descienden de animales terrestres que terminaron optando por la vida acuática: lo mismo que mitos griegos afirman que el dios Dionisos convirtió en delfines a algunos marineros. Y documentales recientes presentados en diversos excelentes canales televisivos (como History, Animal Planet, National Geografic, Discovery y Discovery science) ponen de manifiesto el inmenso parecido de las aletas incipientes, pectorales y anales, de los fetos de delfines, con las extremidades también incipientes de los fetos humanos.
Muchos otros ejemplos podríamos citar acerca de coincidencias entre las leyendas y tradiciones religiosas o mitológicas de los antiguos con descubrimientos científicos recientes, relacionados con el origen y la evolución de los animales y del hombre. Nos parece, sin embargo, que aquellos son suficientes para explicar lo que queremos significar con la expresión Arqueología antropogónica o antropogénica. Al estudio de ésta le hemos dedicado treinta y cinco años y hemos publicado diez libros, el primero de los cuales (editado en l976), precisamente lo titulamos San Agustín, testimonio de piedra sobre el Origen del Hombre.
En nuestro perfil enumeramos los otros libros de Arqueología antropogónica que hemos publicado, y en esta página también incluímos sendas reseñas de los mismos.El undécimo libro de esa materia lo titulamos Los Mitos de Ingenierías Cósmica y Genética de Sumeria, Asiria y Babilonia. Ya lo concluímos y sólo falta encontrar editor.Por otra parte, cordialmente le invitamos, amable lector, a que lea los tres capítulos (sobre el origen y la evolución de Dios, el origen y la evolución del hombre, y el origen y la evolución de la religión), que hacen parte de nuestro libro El Origen de Dios y los cuales también hemos incluído en esta página web.
This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it
Bogotá, diciembre l7 de 2009


